¿Tú sufres censura?
Yo sí.
¿Quién me censura?
Yo mismo.
¿Y por qué te censuras?
Para proteger a otras personas.

No me importa que otros me miren de reojo por lo que cuento.
Y a menudo me expongo en lo que escribo.
Pero no me gusta que otras personas puedan sentirse incómodas por mis palabras.
Y mucho menos que unas personas miren de reojo a otras personas por estas palabras.
Últimamente me han pasado cosas, las he analizado y me hubiera gustado ponerlas aquí. Compartirlas contigo.
Pero por ahora no me he animado.
Hay veces que sólo con escribir aquí me aclaro con los temas sobre los que reflexionaba y luego veo que ya no tiene sentido publicar.
Otras veces, como en este caso, veo que publicar puede ser bueno, abrir debates que tenemos que mantener.
Pero también me doy cuenta de que publicar eso puede tener consecuencias que no puedo predecir. No sobre mi, sino sobre personas a quienes no quiero dañar.
Y entonces me aplico esa censura.
¿Es justo?
Pues no lo sé.
Siempre abogo porque hay que comunicarse.
Que es peor no comunicarse que hacerlo.
Creo que cuando surgen los problemas es precisamente cuando uno no se comunica.
Y que lo que uno piensa está mejor fuera que dentro.
Hay que expresar las ideas y confrontarlas con las ideas de los demás.
Es entonces, cuando están fuera, jugando con las de otras personas, cuando las puedes cambiar o no.
Si las dejas dentro se pueden cronificar y radicalizar y cuando las pones frente a las de los demás ya están tan enquistadas que son dañinas y difícilmente las podrás cambiar.
Pero también está la responsabilidad afectiva.
A veces uno puede decir cosas que pueden hacer sentir mal a otras personas.
Entonces hay que estar ahí para ayudar a pasar a través de ese malestar.
Pero publicando por aquí uno no sabe hasta dónde puede llegar lo que uno dice.
Ni cómo puede llegar lo que uno expresa.
Y como uno no quiere generar algo que le cause problemas a nadie, prefiere estarse quietecito y calladito y no publicar.
Eso es censura.
Sobre todo porque uno se imagina las posibles consecuencias.
Que podrían ser ninguna consecuencia.
Nada.
Más teniendo en cuenta el alcance de estas líneas.
Pero esa posibilidad, es la que genera la censura. O más bien, la auto-censura.
¿Tú te censuras?
Cuéntamelo.
Si te apetece.
Sin censura.

Con personas o instituciones radicalizadas o ultras en la esfera política o religiosa no merece la pena un enfrentamiento dialéctico que en modo alguno van a escuchar por su fanatismo impermeable a la razón y el dialogo. Que sean las leyes quienes establezcan los límites a las actuaciones permisibles o no según la legislación que regula la convivencia entre todos.
Estoy contigo en cierto nivel de autocensura si se puede ocasionar perjuicio a personas cercanas en alguna medida.
De cualquier forma creo que hay formas educadas y discretas de manifestar disconformidad o exponer ideas diferentes sobre un asunto a tratar o resolver.
Por otro lado también está la ironía, el comentario agudo, la precisión u observación al discurso del interlocutor que pueden dejar claro posturas diferentes igualmente respetables, razonables y defendibles que, con el necesario análisis riguroso, pueden ser una mejor opción.
Todo esto enmarcado en unas coordenadas de legalidad, documentación probatoria si fuera el caso, verdad y no bulos.
Una última consideración no por ello menos relevante: considero que los valores de confianza y verdad que han fundamentado durante mucho tiempo las relaciones humanas e interacciones laborales, personales, empresariales… hoy en día están muy devaluados con carácter general. Nadie posee en su totalidad conceptos como razón y verdad lo que nos lleva a concluir que en muchas ocasiones la mejor respuesta u opción, muy frecuentemente, está en el punto medio factible y aplicable.
Lamentablemente las sociedades progresan y avanzan con pequeños pasos en el buen supuesto de que no se impongan regresiones o involuciones no deseables.
Muchas gracias, José Pablo, por leerme y, sobre todo, por tu aportación. Tengo la sensación de que es más interesante el comentario que el texto comentado.
Es verdad lo que dices de la radicalización de las personas y las instituciones. Aunque a mí me interesan las personas. Detrás de cualquier institución hay personas que, si tienen suerte y cuidan bien su alimentación, cagan a diario.
También es verdad que hay formas y formas de decir las cosas, pero también hay formas y formas de entenderlas, de malentenderlas y de usarlas y no me apetecía dar lugar a qué mis palabras se pudieran usar en contra de nadie.
Y es verdad lo que dices de elegir el punto medio como mejor respuesta y opción, pero esa elección de un punto medio puede ser también una trampa dialéctica: «ni machismo ni feminismo, igualdad» ¿Ves a qué me refiero? A veces hay que ser radicales, es decir, ir a la raíz de las cosas.
Precisamente en aquello que me he censurado en esta ocasión, siento que todas las personas implicadas han tenido la actitud correcta. Y lo que siento que falta es, precisamente, poder explicarles a todas las demás partes sus pensamientos, sentimientos, intereses y actitudes. Por eso creo que es interesante el debate que yo mismo me estoy negando.
Así que, gracias otra vez por comentar y fomentar así el diálogo.