En junio, en la Fundación Paisaje, terminó un proceso y se abrió otro.
En estas líneas vengo a contarte cómo he vivido este cambio.

Empecé este artículo el 9 de junio, al día siguiente de terminar el curso, y lo estoy publicando hoy, 21 de julio, más de un mes después.
Por el camino han habido otras menciones a la Fundación Paisaje en este blog, por ejemplo, si entras en los dos últimos capítulos de mis Conversaciones Inútiles, puedes conocer a algunas de las personas de las que hablo aquí.
Este artículo va a ser largo, te aviso para que te tomes tu tiempo y te sientes tranquilamente a leer.
Puede que sea porque no tenía ganas de terminar aquel proceso. Puede que me asuste empezar el siguiente. Puede que lo que ha ocurrido este fin de semana me haya ayudado a cerrarlo.
No sé. Veamos.
Pero antes de seguir con la Fundación Paisaje te cuento lo que haremos en agosto y así nos lo quitamos de en medio ¿Te parece?
¿Qué hacemos en Agosto?
En agosto no teníamos pensado hacer nada.
Sólo descansar, respirar, imaginar, crear, preparar el curso que viene…
Pero es que llegan las Perséidas y no me las quiero perder, así que, si te animas a verlas conmigo en Un Paseo por las Estrellas, déjate libre ahora mismo la noche del sábado, 16 de agosto, y nos vamos juntos de viaje, con los mitos de la mano de la mismísima TararíqueteCris y plataforma de despegue en Hoyo de Manzanares (Madrid)
Si te animas, entra en este enlace y deja que «elintenné» haga su magia.
Si prefieres que lo vayamos a hacer a tu pueblo, dímelo y nos organizamos.
Bueno, pues resuelto este tema, volvemos a lo que nos ocupaba.
El curso de Fundación Paisaje.
Como decía, en junio dejamos de ser estudiantes de la Pedagogía del Paisaje para convertirnos en miembros de la Red de Educadoras en Paisaje.
Pasamos de ser alumnas a ser educadoras. Cambian los roles.
Igual que al principio de este curso, ahora se abre un nuevo camino lleno de incertidumbres.
Porque este curso no ha dado respuestas, sino una nueva forma de hacerse las preguntas.
Empezamos por el principio.
Me acuerdo de que, cuando me llegó la propuesta, confié en ella por la persona de la que me llegaba, mi amiga y compañera Silvia, y porque me resonaba bastante lo que se contaba en ella, aunque no terminaba de ver qué era exactamente lo que me estaban proponiendo.
Rellené el formulario y escribí mi carta de presentación con la sinceridad de quien no tiene nada que perder. Acabo de releerlos y creo que volvería a escribir cosas parecidas.
Llegó octubre y escribí a Silvia porque aún no había tenido noticias.
Yo me decía a mí mismo que no, pero en realidad me apetecía formar parte de la formación. Poco después me llegó la noticia de que no iba a formar parte de esta edición. Jarro de agua fría, pero bueno, lo que sucede conviene. Hay que seguir.
Unos días más tarde, me llamó Silvia para preguntarme si seguía interesado y podía comprometerme a hacer la formación. Le dije que sí y la aventura comenzó.
Pensé, y más de una vez se lo he expresado a las personas que forman el patronato de la Fundación Paisaje, que son unas inconscientes por aceptar personajes como yo. Pero qué le vamos a hacer.
Primeros contactos.
Recuerdo las primeras sesiones on-line en la que me juntaron a charlar con Diego y Vanesa. No me acuerdo de lo que hablamos pero si de que intentaba encontrar cosas en común con toda esta gente.
Pocos días después estaba en Las Matas, esperando a Laura y Paula que me recogerían para ir juntas hasta Silvella, sede de la Fundación Paisaje.
Tengo que reconocer que estaba nervioso, pegarte un viaje de 6 horas con dos personas a las que no conoces de nada… Creo que ahí empezó uno de los mejores viajes de mi vida.
En cuanto nos presentamos me sentí como si conociera a estas personas de toda la vida. Fuimos charlando y ahí comenzó ya la formación. Todas teníamos más o menos las mismas incertidumbres sobre la formación y nos hacíamos preguntas parecidas.
Así llegamos a Silvella y sentimos el recibimiento de Loly, David y Silvia. Conocimos la cueva y fuimos poniendo cara a quienes sólo habíamos visto por videoconferencia. Como con las nuevas compañeras de viaje y coche, sentía que toda esta gente tenía algo que ver conmigo aunque aún no nos conociésemos.
Yo quería caer bien, pero también quería poder aprender y sabía que, si quieres aprender necesitas que algunas estructuras se tambaleen. Nadie cambia si no ve necesario cambiar y para verlo necesario tiene que sacudirse el suelo que pisas ¿Dejaría que me afectase lo que me estaban proponiendo?
Primer día de curso.
El primer día Loly y David nos fueron contando su proyecto y el paisaje que lo albergaba. De aquél primer encuentro me quedo con una palabra: coherencia.
Pero es muy difícil ser coherente ¿Esta gente lo sería de verdad? Y, si lo eran ¿Me ayudarían a serlo a mi?
Lo mejor era que el aprendizaje no sucedía sólo durante las clases, en cada comida, en cada descanso, en cada momento de convivencia podía observar quién era quién, qué hacía ahí y qué tenían que ver conmigo.
Recuerdo el viaje de vuelta, otro momento de aprendizaje, comentando sobre el proyecto, sobre l@s profes, sobre l@s compis, sobre cómo nos habíamos sentido. Parecía que las conclusiones generales en nuestro coche fueron:
- Nos ha pasado con la gente lo mismo que nos ha pasado en el coche. Parece que nos conocemos de toda la vida.
- No entiendo muy bien lo que nos han contado este fin de semana, especialmente lo que nos ha contado Úrsula sobre la cartografía sensible, pero mola.
- Aquí se come de maravilla.
- Habrá que seguir.
Pero pasarían dos meses hasta que nos volviésemos a ver. Y cuando nos volvimos a encontrar para el siguiente viaje otra vez la sensación de que nos habíamos despedido ayer mismo.
Ese fin de semana conocimos a Paloma. Ahora escribiendo esto estoy intentando buscar la palabra que define mi sensación tras estar con ella. Creo que sería calma, pero eso también me lo transmitían las demás profes. Lo que pasa es que con ella había un puntito más de seguridad. No sé si me explico.
Y ya habíamos conocido a todo el mundo con quienes tendríamos que estar tratando durante el resto del curso.
Transformación en vez de cambio.
Todo lo que nos iban contando en el curso era muy interesante. Algunas cosas más cercanas a mi, otras mucho más distantes, pero todo merecía mi atención, todo tenía un punto discutible y otro que encajaba en mi forma de ver la vida.
¿Pero qué pasaba conmigo? Me acuerdo de una pregunta que nos teníamos que hacer unos a otros, que me pareció brutal: “¿Qué te tengo que preguntar para conocerte mejor?”. A la que yo contesté: “¿Estás dispuesto a dejarte afectar por lo que está pasando en el curso, estás dispuesto a cambiar?”
También un nuevo concepto, o mejor dicho, un nuevo punto de vista, la diferencia entre cambio y transformación. O sea que la pregunta sería: “¿Estás dispuesto a transformarte?”
Vamos poquito a poco, Iñaki, no le pidas peras al olmo.
Cada vez que volvía de Silvella no podía explicar lo que había pasado ni lo que había aprendido. Además al volver me metía de nuevo en la vorágine del día a día, que limpia de significado toda acción, todo pensamiento y todo sentimiento. Pero subyacía algo que me hacía sentir que estaba en el camino correcto.
El olivo de Fundación Paisaje.
También llegó el olivo. El olivo es una parte del paisaje en la que me siento reflejado, pero es un espejo que cambia según cómo me siento yo. Por ejemplo, cuando lo vi y me llamó para ser mi punto de partida para la cartografía sensible en Silvella, lo hice como para acompañar a un enfermo moribundo, darle la mano y que no se sintiera sólo en ese trance aunque yo no pudiera ofrecerle mucho más. Pero cuando llevé a mis compis a mostrarles mi cartografía ya lo veía como que él me estaba acompañando a mi y él tenía la fuerza vital y fuese yo el que necesitara una mano que me reconfortase en mi último aliento.
Y el tiempo. En Silvella el tiempo parece pararse o acomodarse al fluir de nuestro proceso. Pero luego vuelves y el tiempo vuelve a atropellarte. Por eso planteé en mi cartografía sensible un viaje en el tiempo, en el que el grupo se pusiera alrededor del olivo e hiciesen un viaje desde los confines del cosmos hasta ese preciso instante para mirar el olivo, con la mirada de alguien que ha recorrido toda esa distancia y todo ese tiempo. Y lo hiciese como si uno mismo fuese el olivo. Y sintiese como se sentiría ese olivo.
¿Fracaso?
Precisamente mi presentación de la cartografía, o debería decir, mi no presentación de la cartografía, que yo traté de escudar en la falta de tiempo para que todos pasáramos nuestras propuestas, me decía que no me había comprometido con el trabajo, que había pasado de puntillas por él y que no debía presentarlo porque, al contrario que el de todas mis compis en él no había nada de mi ni de mi proceso. Sería como no haber aprendido nada durante el curso, como no haber hecho nada con todo lo que nos han contado. Como haber tirado a la basura todo el trabajo de las personas que nos han acompañado.
Como no haberme transformado.
Pero ahora, releyendo estas líneas me doy cuenta de que no es así, que ese sentimiento de haber fallado y de que lo que se me ha dado ha quedado en nada, sólo era fruto de mi cansancio.
¿Qué rastro han dejado en mi las personas con las que me he encontrado?
L@s profes de Fundación Paisaje
Silvia
Silvia, que es la primera que me acercó a esta aventura, es todo paz y calma, aunque intuyo que no deja ver esos altibajos en el ánimo como lo hacen otras personas. Ojalá le haya abrazado y le haya reconfortado como ella se merece, aunque no estoy muy seguro de eso.
Loly
Con Loly he tenido la sensación de haberme ido acercando poco a poco a medida que ha ido avanzando la formación. Pero creo que fue en el encuentro de Educación a Cielo Abierto, cuando la vi en otro papel, cuando la sentí más cerca. Hubo un momento entonces, durante la cena, en la que tenía la mirada perdida, supongo que por el cansancio de todo el día, en el que creo que la vi vulnerable y, por lo tanto, más cercana.
Fue muy bonito trabajar con ellas en las mentorías y llegar de sus manos a lo que Gurutze, mi gurú favorita, llama “momentos guau”.
Muchas veces he tenido la sensación de que eso ya se ha perdido en la vorágine de la vida. También es verdad que para mi, o sucede ya, o no sucede, y ese es otro punto de vista que me doy cuenta de que hay que cambiar. Hay que dejar que el tiempo dure lo que tenga que durar y que la semilla se tome su tiempo para germinar y para crecer. No tiene que ser todo al momento.
David
Por David siento admiración. Aunque le veo mirarme como si no supiera por dónde voy a salir, me parece que el tipo sabe de un montón de cosas y las combina muy bien para alcanzar algo parecido a la coherencia que mencionaba antes. Y con él me relaciono con la distancia que uno tiene con alguien a quien admira. Me lo tendría que imaginar cagando, que es lo que me decía Jordi Mollá cuando trabajé con él y así acortar distancias XD
Olote
Luego están Olote. Úrsula y Héctor.
Con Úrsula he estado enfadado porque no la entendía. No sabía de qué me estaba hablando ni qué quería de mi, pero entiendo que eso me ha ayudado a ponerme en un estado de confusión que me ha hecho buscar lo que me pedía. No sé, hubo una mañana que me desperté con la idea de la cartografía completamente definida y entonces sus indicaciones y comentarios ya me parecía que estaban escritas en el mismo idioma y no en otro de una galaxia muy, muy lejana.
Y Héctor, pues me parece un personaje divertido, con su música y sus rituales, pero no he conseguido acercarme demasiado a él, aunque tengo que reconocer que algún buen sueñecito me ha inducido con sus cuencos tibetanos.
Paloma
Con Paloma he hecho el viaje al revés. Al principio pensé, por fin alguien cuerdo en este sitio. Pero a medida que la he ido conociendo un poquito más he ido viendo que ella tiene el punto de locura que todas, profes y alumnas, tenemos en este aquelarre maravilloso.
De Carlos y José Mari no tengo nada más que decir que lo que he escrito en el punto 3 de la conclusión tras el primer viaje: aquí se come de maravilla, nos han cuidado como a marquesas.
Porque una de las cosas más interesantes de todo este viaje a través de una misma ha sido que cada pequeño paso estaba siempre puesto entre algodones para que te sintieses cuidado y te pudieses permitir asomarte a tus propios abismos.
L@s compis de Fundación Paisaje
Pero creo que el mayor rastro lo han dejado l@s compis.
Laura, Paula, Cristina, Diego, Ter, Sara, Isaac, Patticha, Patricia, César, María, Vanesa, Raquel y Juan. Si tuviera que escoger una palabra para cada una sería:
- Laura es Velocidad.
- Paula es Abrazos.
- Cristina es Seguridad.
- Diego es Visión.
- Ter es Sensibilidad.
- Sara es Infancia.
- Isaac es Mundo.
- Patticha es Maternidad.
- Patricia es Magisterio.
- César es Pensamiento.
- María es Ternura.
- Vanessa es Valentía.
- Raquel es Respirar.
- Juan es Risas.
(Nota. Muchos de los enlaces anteriores son a Insta-glam y los he puesto porque quiero mucho a estas personas y quiero que conozcas sus proyectos, no porque quiera promocionar esta nefanda red social. Es más, desde aquí animo a todas estas personas y a quienes leéis este post, que mandéis esta red a tomar por cuPIIIIIIIIIII )
Pero esto son mis pajas mentales. Ya me conoces. Si entras en la Red de Educadoras en Paisaje, puedes conocer mejor a estas catorce personas y a muchas más a quienes nosotras ya vamos empezando a conocer.
Yo quería repasar mi proceso en la Fundación Paisaje, pero al releerlo veo que no me ha salido.
CUatroCAminos
Y, como decía al principio de este artículo, este fin de semana hemos salido de casa y nos hemos ido con Paula, una de estas bellísimas personas, a disfrutar del Festival CUCA, en su entorno.

Y nos hemos encontrado con un montón de destellos de belleza, como a lo largo de todo el curso en Fundación Paisaje, como en estos inicios en la Red de Educadoras en Paisaje.
Destellos de belleza que, como cantan Marta Gómez y Pedro Pastor, se trata de muchas voces que me abrazan y que tengo la firme intención de defender a capa y espada.
